En EE.UU. en la cuidad de New Jersey, en el año 2006 se implantó un programa bilingüe para los estudiantes extranjeros que estaban haciendo bachillerato en el país en el momento, en una de las escuelas de más bajos recursos del sector. El programa fue Uno de las medidas que tomó el gobierno fue el de inicialmente regalar 30 iPods para los estudiantes foráneos para introducirlos a la música y a la cultura norteamericana. El programa resultó funcionar, muchos de los jóvenes que antes no hablaban en clase empezaron a expresarse y a perder sus miedos. Los profesores y ellos mismo decían que se debía a la música; por la exposición a la pronunciación, el vocabulario y la gramática que se les presentaba en las canciones.
Uno de los ejercicios utilizados por los profesores para que los estudiantes practicaran el idioma se basaba en dejar sólo adjetivos y verbos en las frases para que los estudiantes se vieran obligados a llenar los blancos en la frase. Al final de la clase la idea era recitar la canción completa, o incluso cantarla, para crear una dinámica más entretenida en la clase. Este tipo de ejercicios creaban una competencia en la clase e impulsaban a los estudiantes a trabajar más y a ser más eficientes.
Un factor importante que mencionaban los profesores era el de poder mejorar la pronunciación de los estudiantes mediante las canciones. El estudiante se impulsaba a sí mismo a pronunciar bien para poder alcanzar un completo domino de la canción y así no sentirse opacado por los hablantes nativos por su pronunciación. Sin embargo, los mismos estudiantes admitían que era la parte más aburrida de la clase porque se veían obligados a repetir una y otra vez la misma frase hasta que pudieran pronunciarla correctamente. Aunque los profesores confirmaron que el método mejoró la pronunciación de manera notable y que en clases anteriores muchos estudiantes no salían con la pronunciación adecuada o si lo hacían tardaban mucho más. Aunque el método de repetir para mejorar la pronunciación no es nuevo, el que sea para un fin como el de cantar una canción (a veces de recitar un poema) hace que sea más atractivo y motivado el aprendizaje.
En cuanto a vocabulario, con canciones de protesta o canciones de amor, el léxico de los estudiantes creció considerablemente al encontrar siempre una palabra nueva en la canción que se viera en la clase. Los estudiantes se entusiasmaban al saber que podían entender la canción completamente al final de la clase. Lo que más les llamaba la atención era poder traducir la canción. El método también enseñó e hizo que los estudiantes empezaran a utilizar de manera más frecuente los diccionarios para poder llegar a este fin de apropiarse del tema que tratara la canción. También buscaban y encontraban canciones que les gustaban y se interesaban por su contenido escrito, para poder traducirlas.
Lo que más preocupaba a los profesores era la gramática, pero el método probó ser efectivo cuando se utilizaban ejemplos con las frases de las canciones para explicar las estructuras gramaticales. El estudiar con canciones no sólo servía para usarlas de ejemplo sino también para que los estudiantes empezaran a interiorizar la gramática. Los estudiantes comentaban que el método les servía más que sólo utilizar los ejemplos y las explicaciones de los libros. Al traducir y al poner las frases en el contexto que presentaban las canciones, los estudiantes eran capaces de explicarle al profesor el tiempo en el que se presentaba la frase u otras problemáticas relacionadas con gramática, dado que el profesor le explicaba mediante ejemplos con los cuales se veían relacionados.

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